Home / Sin categoría / 127 hurtadianos confirmaron su fe

 

En el marco de la finalización de las actividades del 121 aniversario de nuestro colegio el viernes 30 de agosto un grupo de ciento veintisiete estudiantes recibió el sacramento de la Confirmación de manos de nuestro administrador apostólico, padre Sergio Pérez de Arce. Jóvenes líderes cristianos de Tercero Medio que fueron ungidos por el Espíritu Santo para ser testigos de la fe en Jesucristo, siguiendo las huellas de san Alberto Hurtado, en el templo Catedral de Chillán.

En la emotiva ceremonia el padre Sergio impuso las manos a los estudiantes y ungió la frente de cada uno con el Santo Crisma. Luego de una larga preparación que se inició en II Medio, donde los jóvenes líderes cristianos estuvieron acompañados permanentemente por sus Guías para dar el sí definitivo a Cristo.

A la misa realizada el pasado viernes 30 de agosto en la iglesia Catedral, asistieron autoridades, docentes, administrativos, asistentes de la educación, estudiantes y familiares de los confirmandos, además del capellán de nuestro Colegio, padre Luis Flores Quintana, los que presenciaron la renovación por la fuerza del Espíritu Santo de los jóvenes hurtadianos.

“Si estamos aquí es porque queremos que vivan este paso con la certeza de que son amados por sus familiares y sus amigos; y también son amados por Dios. Este es un acto para sobretodo estar conscientes del gran amor de Dios que se manifiesta a través de nuestros seres queridos”, fueron las palabras de acogida del padre Sergio a los hurtadianos que en un proceso sistemático de formación, se prepararon para descubrir la presencia de Dios en sus vidas guiados por las catequistas Adriana Manríquez, Lylian Ortiz, Graciela Méndez, Marybeth Sandoval, Paulina Benavente, Francisca Vásquez y Claudia Bravo; apoderadas de nuestro Colegio.

Tres fueron los momentos que marcaron la liturgia: la renovación de las promesas bautismales, la imposición de las manos y la unción con el santo Crisma, donde los confirmados renuevan su compromiso bautismal y su decisión y compromiso de vivir como verdaderos cristianos, de ser testigos en el mundo de hoy y querer ser sal y luz de la tierra, simbolizado en dos velas que fueron cargadas por dos de los hurtadianos confirmados.

En representación de los jóvenes confirmandos, el estudiante de Tercero Medio D, Javier Venegas Jiménez, agradeció al colegio y a las apoderadas catequistas toda la dedicación y entrega con cada uno de ellos, afirmando que “este tiempo nos ha permitido abrir nuestros corazones y mostrarnos a Dios. El sacramento de la confirmación solo tiene sentido si va acompañado del anhelo y esfuerzo de hacer de la relación con Cristo algo creyente, pues de nada sirve si no somos capaces de ser consecuentes con lo que Él nos enseña. Seguir a Cristo es un desafío, una apuesta exige una respuesta y esa respuesta exige convicción. Estamos llamados a vivir nuestra fe hoy, porque hoy somos jóvenes y la juventud está impregnada de grandes amores y desafíos”.

En la eucaristía el padre Sergio pidió a Dios que envíe el Espíritu Santo a nuestros estudiantes y luego impuso sus manos sobre los confirmados, mediante la oración y el gesto, lo que representa la fuerza del Espíritu Santo que recibieron para su consagración y fortalecimiento de sus dones.

El momento cúlmine de la celebración fue la crismación, cuando los jóvenes acompañados de sus padrinos se acercaron al padre Sergio y él los marcó con la cruz gloriosa de Cristo para significar que son del Señor, y les ungió con el santo Crisma, que es aceite perfumado.

Al término de la celebración el padre Sergio entregó un potente mensaje sobre la fe “La fe me invita a vivir en comunión con los hermanos y me invita a preocuparme por el pobre donde habita Cristo y eso es una tremenda riqueza de nuestra fe cristiana. Tiene que ser como un zumbido en el oído que me cuestione y me invite a crecer en el amor, en la entrega. La fe no es un asunto privado, no es para esconder la luz debajo de un cajón, no es para acudir a ella solo cuando tengo dificultades, la fe tiene que transformarse en testimonio de vida y hacerse operativa en el amor y lo tenemos que hacer sin complejo de superioridad ni de inferioridad; no tenemos que tener vergüenza de nuestra fe porque es un regalo de Dios, tenemos que vivirla cada día, no se puede esconder debajo de un cajón”.

 


 

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