Discurso del Rector / 2009

Encuentro con Apoderados por Ciclo
Bienvenida y palabras de acogida
A nombre de todo el cuerpo directivo, docente y asistentes de la educación del Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado, les doy la bienvenida y les acojo en este primer encuentro oficial con el Rector, año 2009.
Comienzo mi discurso, trayendo a la memoria las palabras de Pedro: “En tu nombre, Señor, echaré las redes” (Lc. 5,5). Con estas palabras queremos responder al llamado del Señor “Duc in altum” (ir mar adentro). Les invito a escuchar nuevamente la llamada del Maestro: remar mar adentro y en su nombre echar las redes.
Ésta será nuestra misión educativa para el año que comienza. Ya estamos en la barca, poco a poco nos vamos reencantando con nuestro ser y quehacer educativo. Por tanto, nos viene bien hacer memoria, con el corazón y la voluntad, de nuestro Proyecto Educativo Institucional, que tiene como misión fundamental: seguir las huellas del Maestro, al estilo del Padre Hurtado, para formar líderes cristianos.
Saludo a todos ustedes, de manera especial a las nuevas familias que se integran a esta gran familia educativa: la Comunidad Hurtadiana; deseándoles que su ánimo y disposición sean un signo del compromiso formativo con sus hijos y con los valores que nuestro Colegio representa para ustedes.
La autoridad de los Padres en la formación de sus hijos
El Padre Hurtado fue un educador por excelencia. Un hombre de Dios que supo encarnar los valores más nobles de la persona humana y las virtudes cristianas, de manera heroica.
Hoy quisiera compartir con ustedes lo que nuestro Santo Patrono piensa acerca de la autoridad de los Padres en la formación de sus hijos. Él nos dice:
La educación del esfuerzo requiere ser fecundada continuamente por el trato íntimo de los padres con el hijo. El padre, la madre muy en especial, que sean los amigos del joven, que conversen con él sobre cada uno de sus problemas, que no por ser pequeños son sin importancia para él.
Esto requiere una presencia significativa de los padres en el hogar. Si este trato íntimo se ha realizado, cuando venga la gran crisis contra la autoridad paterna, y aun contra toda autoridad, la crisis de la pubertad en que el niño se da cuenta que es una persona digna de respeto, anhela ser comprendido, ser tomado en cuenta, piensa que sus opiniones valen tanto como las de sus padres… ese trato de confianza habrá salvado ese momento difícil, el más difícil de nuestra vida.
Llega la juventud, la época filosófica por excelencia, en que más que las personas se ama las ideas, en que más que el maestro se ama el sistema, época de personalidades y relaciones conflictuadas. Cada joven auténticamente tal es por naturaleza revolucionario, se siente responsable de su generación y trata que su generación opere los cambios que no supieron hacer sus padres.
Si la intimidad entre padres e hijos no se ha obtenido desde pequeño, sino que el régimen absolutista o de libertinaje ha operado, la crisis se hará muy honda y el conflicto de generaciones puede ser muy hondo; en caso contrario, la colaboración se operará con ventaja para ambos: para padres y educadores, que son la autoridad que recibirá toda la frescura del vigor e impulso juvenil; para los jóvenes, que se sentirán apoyados por la experiencia paterna. No habrá problemas de amor, de concepción de la vida, que no encuentren solución en esta colaboración de generaciones.
Esta intimidad del padre y educador con el educando, irá valorando ante los ojos de éste los motivos sociales, que son los más fuertes para mover una vida. Su misión en la vida no es sólo ser feliz aquí, después allá, sino colaborar con Dios en la elevación natural y sobrenatural de sus hermanos. Su vida tiene un valor social y la sociedad será lo que él la haga.
Que no se oigan en el hogar esas continuas lamentaciones sobre el mal general, sino una exhortación a actuar, a renovar, a mejorar.
Entonces aparecerá su libertad apoyando a la autoridad para su mejor desarrollo, y la autoridad como el sostén de las mejores iniciativas… Una renovación de disciplina y de vigor se impone.
La disciplina puede parecer dura y antipática en sí misma. Ha de hallar su impulso en una aspiración, en un motivo, en una filosofía. ¿Cuál es el objeto de la vida? ¿Se da el ser humano que en su hogar, en la sociedad, entre sus amigos, ejerce una influencia que contribuye a edificar o a destruir?
La tarea más importante de los padres y educadores es que renazca el idealismo. Debemos preocuparnos todos de que haya más justicia social, más equidad, más bondad y consideración para todos.
Estos ideales claramente comprendidos encauzarán nuestras mejores energías. Si ellas faltan será necesaria una tremenda disciplina exterior para que venga a reemplazar la disciplina interior. No hay libertad sin sacrificio, sin consideración por los demás, sin un profundo sentido social que se inculque desde la escuela y el hogar.
Estas son las ideas cristianas sobre la autoridad y libertad; lejos de producir personalidades chatas, deformes, mezquinas, estereotipadas, producen en el cristiano: almas grandes, diferentes la una de la otra, cada cual cultivando su naturaleza, precioso don de Dios para obrar el bien, hombres orgullosos de su libertad, que por ser don dado, a imitación de la libertad de Dios, es don para el bien y no para el mal y tiene como ejemplo a Cristo, sujeto como nadie a la autoridad de su Padre, libre plenamente para hacer el bien que derramó a manos llenas en esta tierra que Él nos invita a hacer mejor, a hacerla digna de los hijos de Dios.
Conclusión final: “En tu nombre, Señor, echaré las redes”
Al finalizar mis palabras, quisiera traer a la memoria un acontecimiento que, ciertamente, ha marcado la vida de nuestro colegio. Durante el verano, nuestra querida alumna de II medio 2008, Pamela Vásquez, ha vivido su pascua. Dios la ha llamado a su encuentro y estamos seguros que la ha acogido en su corazón de Padre. Nuevamente, nos unimos al dolor de su familia y agradecemos el paso de Pamela entre nosotros; ella quiso ser velada en nuestro colegio y desde aquí la despedimos, con un hasta pronto o un ¡hasta vernos en el Paraíso!.
Que este signo de muerte y de luz, nos comprometa a cada uno de nosotros a vivir con coherencia nuestra misión en la vida. Y a ustedes, padres y apoderados les recuerdo que su esencial misión es “los primeros educadores de sus hijos”.
Les invito a comprometerse con sus hijos e hijas, manifestando este amor: en la asistencia a reuniones de curso, en la coherencia y respeto de las normas disciplinarias de nuestro Colegio, así como un compromiso más explícito y serio con el Centro General de Padres y apoderados, instancia esencial para el diálogo y apoyo en mi gestión, para que nuestro Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado sea de verdad una Institución educativa de excelencia humana, académica y cristiana.
Coloquemos lo mejor de nosotros, en la natural diversidad de talentos y realidades familiares, para que la ‘barca’ siga ‘mar adentro’ y, ‘en el nombre del Señor, echemos las redes’.
Muchas gracias
Padre Juan Carlos Cortez Carrasco
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