Vivir la Semana Santa
Mensaje de Semana Santa
Alejandro Mauricio González Espinoza
Decir que todas las “Semanas Santas” son iguales, es querer equiparar su intensa vida de reflexión espiritual a la cartelera televisiva en la época de la primera luna llena de primavera (para el hemisferio norte), primera luna llena de otoño para el hemisferio sur.
A los consabidos títulos hollywoodenses, éxito de añosas taquillas, tales como “El manto sagrado” o “Ben Hur”, podemos oponer la novedad de la Palabra de Dios, recreada en nuestra mientes, en nuestro corazón, que renueva también nuestro espíritu y nuestra fe.

Milagro cotidiano es esto, resurrección perpetua, alegría eterna, casi podríamos decir que gozosa visión del rostro de Dios. El poder entablar una íntima comunicación con El Padre, no se ajusta a las tradiciones acríticamente inculturadas, ni a “manifiestas propuestas impuestas”, más desde la fe en la macro-microeconomía, que desde la espiritualidad religiosa, quiero decir cristiana católica, porque la anterior también parece fe religiosa.
Estamos ante la habitual disyuntiva de caminos. Sempiterna humana bifurcación, oscura disyunción, ineluctable y borrascosa, pero inevitable decisión ¿me adhiero a la masa oportunista o a la oportunidad masiva?
Decisión que en todo caso sigue en nuestras manos, y que seguirá ofreciéndose a nuestro juicio, a la balanza de una invidente que espada en mano pretende mantener su va y viene, sube y baja, sin mareos, ni vomitivas des-consideraciones.
Me arriesgo a motivar una vivencia de la Semana Santa con sentido de revivencia. A hacer constante este sentido, y a poner a cristo en el centro de este tiempo, es decir, la humildad, el sacrificio, la entrega y servicio eternos, al que nos llama el Mesías, que retorna a salvarnos otra vez, y a quien nuevamente decimos Hosanna, para en unos infinitesimales eones gritar a voz en cuello, con odio húmedo y babeante en la garganta y odio ensangrentado en los ojos “crucifícale”.
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