El Simce y sus “Fórmulas”
Como es habitual, hoy venía camino al Colegio en mi vehículo escuchando noticias.
Y claro, todavía resuenan los puntajes Simce en todo el país, lo que provoca, naturalmente, una avalancha de programas radiales, televisivos, y de todo tipo que pretenden descubrir las “claves” ó “fórmulas” para lograr los “mejores puntajes”, en esta prueba.
Ahora bien, lo que me ha llamado la atención esta vez y que conforma la columna vertebral del presente análisis, es que pareciera ser que en los distintos establecimientos en los que se han logrado importantes avances, lo que no necesariamente los pone en el “primer lugar del ranking”, es una adecuada combinación entre estrategias académicas mezcladas con variables afectivas.
En las noticias de televisión el día de ayer mostraban niños y niñas de X colegio municipal que había tenido importantes avances en sus puntajes y una niña de 5° básico, muy contenta decía algo así: “lo que pasa es que la señorita (la profesora jefe de 4° básico) se esforzó mucho para que nos fuera bien”, y otro compañero agregaba: “ella vino a nuestra sala este año, y dijo que no iba a llorar, pero al final igual lloró porque estaba feliz”.
En otra experiencia mencionada aparecía una profesora (Jefe de la Unidad Técnica de un establecimiento ) comentando de que en su colegio se estimulaba fuertemente la autoestima de sus alumnos, por medio de refuerzos de todo tipo que hacían sentir a los niños que “ustedes pueden, ustedes son capaces”.
Una tercera experiencia comentada en la radio de nuestra provincia, señalaba sobre otra escuela que había superado su propia meta: “en dicha escuela hicieron ensayos la semana anterior al Simce, lo que favoreció que el día del Simce oficial los niños y niñas no se pusieran nerviosos”.
A sí mismo, se explicaba en otra institución educativa, de numerosas estrategias de refuerzos a alumnos con más dificultades, por medio de compañeros más “avanzados” del curso, refuerzos especiales de los profesores, etc., lo que pretendía, y al parecer se logró, que todos pudiesen avanzar en sus aprendizajes, cada cual a su ritmo y capacidad.
Claramente, sólo menciono algunas de las tantas “formulas” que aparecen en los medios de comunicación.
Sin embargo, al evidenciar todos los análisis, varias preguntas son las que surcan mi discreta materia gris. ¿Será que aquellos niños citados y miles de otros se alegran de los triunfos, porque es una alegría de sus profesores y al ser así de ellos mismos?, ¿hasta qué punto los pequeños de 4° básico comprenden la trascendencia de esta prueba?, ¿es necesario que la comprendan?, ¿cuáles son realmente las claves que hacen que un grupo de alumnos y alumnas tenga importantes avances?, ¿podemos decir que pos subir los puntajes de la prueba Simce estamos frente a la evidencia de una mejor educación?.
Posiblemente no podamos responder hoy a estas preguntas, y no quisiera aventurarme a hacerlo, sólo pretendo expresar aspectos del análisis que al parecer dan cuenta de la necesidad de implementar, si se quieren incrementar los puntajes, estrategias tanto académicas como afectivas (formativas) para que los niños y niñas puedan avanzar en sus aprendizajes sin caer en el estrés por ello, sino que sea un aprendizaje integrado, sistemático y permanente y que responda a un proceso lo más natural posible.
En fin, en el epílogo, creo encontrar cierta evidencia a la necesidad de desarrollar lo mejor posible una relación estrecha entre los aspectos académicos y formativos de nuestra educación. Obviamente que todo esto y lo demás puede estar teñido por la frase “uno ve lo que quiere ver”, que es realmente muy cierta y sabia.
Jaime Munita
jamunita@cph.cl
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