La edad de la voluntad III

Martes 2 de Junio de 2009

Alejandro Mauricio González Espinoza

 

            Nunca segundas partes fueron buenas, yo agregaría que si amerita una tercera parte todavía mejor. Esta es la última entrega de los artículos referidos a la formación de la voluntad en nuestros jóvenes, esa elusiva actitud cuyo atesoramiento es productor de tantos momentos de plenitud, lo más cercano que podemos llegar a la felicidad.

 

            Habíamos dejado nuestra conversación en el punto 5 de nuestro decálogo. Veamos ahora que agregan los puntos restantes:

 

            6 ) A medida que se tiene más voluntad, uno se gobierna mejor a sí mismo, no dejándose llevar por el estímulo inmediato. El dominio personal es uno de los más extraordinarios retos, que nos elevan por encima de las circunstancias. Uno no hace lo que le apetece, ni escoge lo más fácil y llevadero, sino que se dirige hacia lo que es mejor. Cuando la voluntad es más sólida, esa persona ya ni se plantea el cansancio que ha supuesto o sus apetencias, sino lo que sabe que será más positivo para ella de cara a los objetivos diseñados.

 

7 ) Una persona con voluntad alcanza las metas que se había propuesto con constancia. Recordemos cuales son las piezas instrumentales de la voluntad: el orden, la tenacidad, la disciplina, la alegría constante y la mirada puesta en el futuro, en la meta. Existe hoy la tendencia a la exaltación del modelo del ganador v/s el perdedor, el vencedor contra el vencido, poniendo el acento en el triunfo a toda costa, incluso con arrogancia e irrespeto ¿es este el crisol con el que queremos moldear a nuestros jóvenes?tololo

 

            8 ) Es importante llegar a una buena proporción entre los objetivos y los instrumentos que utilicemos para obtenerlos; es decir, buscar la armonía entre fines y medios. Hay que intentar una ecuación adecuada entre aptitudes y limitaciones, pretender sacar lo mejor que hay en uno mismo, poniendo en marcha la motivación, configurada gracias a las ilusiones, así como el orden, la constancia, la alegría y la autoridad sobre nosotros mismos, para no ceder ni un ápice en lo propuesto. Se trata de no confundir fines con medios. El ser humano es siempre un fin, la vida misma es siempre un fin.

 

            9 ) Una buena y suficiente educación de la voluntad es un indicador de madurez de la personalidad. No hay que olvidar que cualquier avance de la voluntad se acrecienta con su uso y se hace más eficaz a medida que se incorpora con firmeza en el patrimonio psicológico de cada uno de nosotros. Una persona madura y con equilibrio psicológico ofrece un mosaico de elementos armónicamente integrados, en donde la voluntad brilla con luz propia.

 

            10 ) La educación de la voluntad no tiene fin. Esto significa que el hombre es una sinfonía siempre incompleta, y que, el devenir de la vida nos obliga al logro de nuevas metas, ilusiones e ideales. Para ello educar, educar, educar…

 

            Quede como inquietud para los lectores. Como tarea a emprender o en la cual debemos perseverar, como siempre, con mucha voluntad.

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